Los Piojos

Entrevistas


Los Piojos, o la banda que se hace fuerte en cualquier cancha


El grupo del oeste bonaerense metió 50 mil personas en Vélez y confirmó un ritual que ya marca una época en el rock argentino. Fueron 32 canciones y 3 horas impecables de música y celebración.



Por Cristian Vitale
Primero fueron 10 mil, hace ya siete años en el microestadio de Racing. Después, 25 mil en All Boys (1999), 31 mil en el segundo Atlanta –el de 2001–, casi 40 mil en Huracán y 70 mil en el vertiginoso ascenso a primera que los depositó en River Plate, en el epílogo del pasado año. Ahora, Los Piojos demostraron que no solamente pudieron llegar al cenit de su popularidad, sino que –aunque no sin concesiones publicitarias y propagandísticas “al borde”– pudieron mantenerse en un sitial incómodo: fueron casi 50 mil personas en un Vélez a pleno y bien caliente. Y seguramente superarán las 90 mil cuando se sume la fecha de mañana –ayer se suspendió por lluvia–. La breve genealogía estadística ubica al grupo de El Palomar y Caseros como protagonista clave de “la era de los estadios” en el rock argentino y, como tal, en una auténtica máquina de sangre que mueve fortuna, da trabajo y concita la atención de sectores de la sociedad que hace 10 años creían todavía que los piojos eran esos malditos bichos que te comen la cabeza.
La enorme masividad, entonces, los transformó poco a poco en mucho más que una banda de rock and roll. Los Piojos son, hoy, un fenómeno social y cultural, y sus recitales son rituales catárticos en los que la música es central, claro, pero no alcanza a explicar el todo. Y para muestra estuvo Vélez. El primer show, el del sábado, no sólo expuso un estadio repleto, 32 canciones y 3 horas impecables de música, sino también una serie de detalles –en los que no muchos repararon– que también dan cuenta de un fenómeno paramusical: primero... pese a la preocupación de los organizadores por evitar las bengalas y los fuegos artificiales –se “recomendó” no llevar pirotecnia con bastante anterioridad–, la noche figuró un fin de año en pleno mayo y con frío. Como contracara de la maravillosa fiesta estética que brindan morteros y bengalas –cómo negarlo– se jugó feo varias veces: desde la platea alta, algún “vivo” se dedicó a tirar bengalas directamente contra el público del campo y la platea baja, motivando el malestar y los insultos de un nutrido grupo. El fuego, antes de ser ceniza, también impactó en varios desprevenidos de la platea Juan B. Justo, donde había muchos pibitos, causando que bastante gente tuviera que refugiarse bajo el techo. Segundo, se vio a más de uno zapatear verdaderos malambos y no precisamente por escuchar temas tipo Muévelo, sino como efecto de morteros lanzados al revés. ¿Hace falta semejante bardo para agradecer a la banda lo que la banda da?
Hecha esta salvedad, la banda ofreció un show intachable. Quizás sin pensarlo, estructuró el recital en cinco momentos conmovedores. El primero desdoblado en dos canciones de amor y pasión en dosis parejas. “Hay un corazón que se parte / cuando te vas a ninguna parte / cuando vos sabes que tu lugar está aquí / aquí, junto a mí” fue la letra que dio pie al cachondeo juguetón entre Andrés Ciro y Mimí Maura durante Amor de Perros (Máquina de Sangre), y culminó con un ramo de flores en manos de la cantante. El infaltable Maradó completó el pico emotivo. Necesario como nunca, provocó la primera y enorme explosión. “Vaya desde acá toda esta energía para el más grande del mundo”, gritó Ciro y motivó que Vélez latiera –y temblara también– con una furiosa versión del tema clave de Tercer Arco, ejecutada con rabia... Mientras una inmensa camiseta de Argentina con la cara del Diez dibujada en el centro iba y venía por la popular local. El segundo pico llegó con el muy stone Fantasma, de Máquina de Sangre. Pese a su escasa vida, es la canción que mejor conecta al grupo con sus orígenes y así lo entendieron sus fans más genuinos. El tercero estuvo dado por una tríada potente y sorpresiva. Promediando el recital apareció Omar Mollo para cantar la mejor remake de Yira-Yira que pueda escucharse hoy. El tango-rock dio paso a dos canciones de Ay Ay Ay: Muy Despacito y Fumigator, tema este que, al igual que Siempre Bajando, lisonjeó a los más ortodoxos. “Re grosso... hace mil que no la escucho”, decía un pibe que medio se venía quejando por la lista, como suele ocurrir entre los acérrimos. Momento teatrístico con Ciro y su casco luchando contra cucarachas en plan de ataque, en medio de una sonoridad despiadada y excitante.
A esa altura, el show estaba en las antípodas de River. El sonido era mejor, la banda estaba más predispuesta a “romperla” y no hubo baches entre temas. Es cierto, faltó Pablo Guerra y con él, Around and Around o Chac to Chac, también los covers de La Rubia Tarada o El mendigo del Dock Sud, pero apareció Pappo y quién se iba a acordar de todo lo otro. “Recuerden este trío –orientó Ciro– Fangio, Maradona y Pappo”. El Carpo, en efecto, la descosió con los únicos dos temas extra-piojos, el intenso Blues del Banquero y Descortés, cantada bien a lo macho por un Pappo asombrosamente amigable. Fue el cuarto momento cumbre. ¿El quinto?: lo provocó la nuevita Canción de Cuna (“Quiero que te duermas como un sol / que se acuesta en un campo de trigo. Tengo aquí en mi pecho un corazón / igualito al hueco de tu ombligo. Sabés quién temblaba / cuando ibas a nacer”) fue el sensiblero cable a tierra que, además de la introspección colectiva, le hizo caer la ficha al plateísta que arrojaba bengalas. ¿Cómo no lograrlo?... había mil niños y Ciro les estaba cantando a ellos y a sus “viejos piojosos”. La guitarra de Ricardo Mollo hizo reaparecer el infierno, ese que gusta, en Morella. El Balneario de los Doctores Crotos –la canción en la que mejor se manifiesta el ritual piojo– no fue el último tema –después sonaron Cruel y un cierre espléndido con Babilonia, entre otros– pero alcanzó para configurar una noche que, dada la magia, sirvió como presagio de la ceremonia dispuesta para mañana, si el tiempo lo permite.

Página 12, 24 de Mayo de 2004

 

 

Gracias a Los Piojos hubo alegría en el Monumental

Ante más de 65 mil fans, la banda liderada por Andrés Ciro concretó el show más importante de su carrera. A pesar del calor agobiante y de algunos baches sonoros, fue una fiesta de rock nacional y popular.
Andrés Ciro, el carismático cantante de Los Piojos.


Por Cristian Vitale
Evidentemente, sigue habiendo razones del corazón que la razón no entiende. Moris jamás hubiese imaginado que más de 65 mil chicos y chicas que no habían nacido cuando compuso allá por 1972 El mendigo del Dock Sud la corearían en 2003. Mucho menos que patearan un furioso rock and roll al ritmo de Zapatos de gamuza azul, que Birabent padre versionó en 1978 y Andrés Ciro revivió como furgón de cola de Around and Around, de los primeros Stones, promediando el recital-debut de Los Piojos en River. La misma cantidad de almas se unió en aplausos hacia Mimi Maura, en el momento en que el frontman la presentó para hacer a dúo Amor de perros, uno de los temas de Máquina de sangre, el disco presentado. El entusiasmo era tal que hasta alcanzó a un prócer del tango, seguramente ignorado por la mayoría de los presentes: cuando Gabriel Clausi –92 años, ex bandoneonista de las orquestas de Julio De Caro y Pedro Maffia, entre otros– terminó de ejecutar su tanguito, recibió una ovación que le cacheteó el corazón. “Guarda con la emoción, viejo”, gritó un piojoso desde la platea, temiendo por su salud. Pero el calor popular no quedó ahí: atravesó también al Pollo Raffo, un eterno laburante de la música.
“Los veíamos que venían por la ruta, o en el tren. Nos acostumbraron a llenar Arpegios, el Luna, Obras y ahora River. Impresionante”, exclamó Ciro a sus acólitos entre Fantasma y Guadalupe, ambos temas nuevos, poco después del interludio de Clausi. ¿Qué explica la introducción? Por una parte, en un nivel general, que la inmensa cantidad de gente presente en River no solo habla de la popularidad que Los Piojos supieron construir en 12 años de trayectoria, sino también del momento de auge que atraviesa el rock barrial, nacional y popular, o como sea se llame, con tres bandas que ya se le atrevieron a River –Los Redondos y La Renga, además– y otras que lo están pensando seriamente –¿Bersuit, Divididos?, el tiempo dirá–. Por otra parte, más particular, queda claro el ascendiente que Ciro y compañía tienen sobre sus seguidores. Que 65 mil tipos ovacionen a Maura, Clausi, Raffo o el que venga como si fueran auténticos fanáticos revela una intensa relación emotiva entre líder –o líderes– y masa, que en política se dice populismo y en rock, dados varios ejemplos ya, podría decirse que también. O verticalismo tal vez: “La masa adora lo mismo –no importa qué o por qué– que su referente, se entrega mansa a sus gustos y elecciones.”
Ciro contagia. Populariza lo que toca o nombra. Y es líder principalmente porque tiene carisma, pero también porque se tomó años en construir una mística sensitiva, un sentimiento que fusiona nacionalismo del sano –“El que no salta es un inglés”, es uno de los cánticos preferidos de sus fieles–, identidad barrial –al final del recital el grupo se tomó 15 minutos en nombrar todos los barrios de todas las banderas, que eran como mil–, permanente apelación al fútbol –Maradó desató un remolino descontrolado de danzas y bengalas– y rock sin vueltas, así como lo entiende el flaco de la esquina..., ese al que le alcanzan las topper, el jean clásico, la minita y la cerveza para ser feliz.
El show fue demasiado largo. Casi agobiante para todo aquel que no fuese un fan absoluto. Duró tres horas y media. Hubo problemas técnicos con los instrumentos, mucho bache entre tema y tema, momentos agitados y festivos con Tan solo y el nuevo hit Como Alí, cuyo video se estrenó en pantalla gigante; hubo vuelo musical en Llévatelo –con un dueto entre la armónica de Ciro y la guitarra de Pablo Guerra, reviviendo viejos tiempos, cuando el ex Caballeros de la Quema formaba parte del elenco–, Dientes de Cordero y la climática balada Sudestada. También tiernas corazonadas para bajar –qué hermosas son Canción de cuna y Muy despacito–.
Muy pasada la una, ya domingo y con los fans en plena retirada, Los Piojos quisieron devolver algo de tanta bengala ofrecida en tanto recitalcon un festival de fuegos artificiales lanzados prolijamente –o sea antirritualmente– desde la tribuna visitante hacia el cielo. No pareció una buena idea. “Parece el cierre de campaña de Macri”, dijo irónico un disidente espontáneo con la garganta ronca de cantar. “No tocaron Ruleta, ni San Jauretche”, le respondió su novia en otro plan. Emociones encontradas, mezcladas, reacciones típicas de cuando la relación se construye por sensibilidad.


Página 12, 22 de Diciembre de 2003

 

 

 

Los Piojos tocan hoy en solidaridad con los inundados de Santa Fe

El grupo se presentará esta noche en el Luna Park, en un show cuya recaudación completa irá a parar al Hospital de Niños santafesino. En Niceto, en tanto, habrá otro festival de bandas alternativas.


Por Javier Aguirre
Una de las tres bandas de rock más convocantes de la actualidad, Los Piojos, se presentará esta noche en el Luna Park a beneficio del Hospital de Niños de Santa Fe, en el que será el aporte de mayor envergadura realizado hasta el momento por el rock en favor de los damnificados por la trágica inundación. El concierto, que comenzará a las 20.30, tiene agotadas desde el lunes las 8000 localidades que se pusieron a la venta, a pesar de la escasa promoción con la que contó. El dinero recaudado –se calculan unos 80.000 pesos– será donado al hospital sin intermediarios, ya que las autoridades del establecimiento presentarán directamente a la banda un listado de las necesidades más urgentes (que tienen que ver con la reconstrucción de instalaciones, debido a la magnitud de los daños). Los organizadores precisaron ayer que el estadio Luna Park cedió gratuitamente sus dependencias para la realización del show, del mismo modo que diversas empresas realizarán aportes varios para la concreción del concierto, en cuanto a iluminación y sonido (Teddy Goldman), grupo electrógeno (Sullair), equipos de video (Troy), estructuras (Quintana), producción (Rock & Pop) y seguridad (Blander). La banda recomendó a quienes no tengan localidades, no adquirirlas a supuestos revendedores, ya que debido a la elevada demanda podrían circular entradas falsas.
En paralelo al entusiasmo por la iniciativa solidaria, la reventa de entradas no aparece como una sorpresa, ya que cada nuevo show de la banda de El Palomar genera gran expectativa en su público. En especial en este momento, que los encuentra con poca actividad en vivo: este será apenas el segundo show del grupo en 2003, ya que en lo que va del año sólo se había presentado en el festival veraniego Cosquín Rock. Además, no tocaba en vivo en Buenos Aires desde las cuatro funciones que dieron, también en el Luna, a fines del año pasado. Y los próximos planes sólo contemplan conciertos lejos de la Capital: en Córdoba (5 y 6 de junio, en La Vieja Usina) y en Mendoza (13 y 14 de junio, en el Estadio Pacífico). Después, en julio, el grupo entrará a estudios a grabar su nuevo disco, con la producción de su cantante Andrés Ciro y de Alfredo Toth, quien ya produjo trabajos anteriores de la banda. El concierto de hoy, en tanto, augura invitados como León Gieco –él mismo lo confirmó en público, el domingo último en el escenario de Obras– y probablemente otros músicos cercanos a Los Piojos, como Divididos y Omar Mollo. Gieco, Juan Carlos Baglietto y Fito Páez concretaron el domingo dos shows consecutivos en ese estadio, actividades con las cuales recolectaron 34 mil litros de leche para los inundados santafesinos. El lunes, en un tono más under, Cemento albergó shows de Carajo, Arbol, Kapanga y los santafesinos Cabezones, organizadores del concierto, con toda la recaudación a beneficio del pueblo santafesino.
El concierto de Los Piojos no será el único que habrá esta noche a beneficio de Santa Fe. En Niceto, bandas independientes de rock, pop y electrónica como Capri, Fantasmagoria, Adicta, Bristol y Proyecto Verona se presentarán a beneficio de distintas escuelas santafesinas. En este caso, el mecanismo de ayuda será a través de la reunión de útiles escolares. En relación a su participación en el evento, Verónica, cantante de Proyecto Verona, dijo a Página/12: “Hay que hacer algo y, para nosotros, formar parte de un concierto de estas características es lo más apropiado. Creo que todas las personas tienen que ayudar ante una emergencia como ésta, que es una verdadera tragedia. Los artistas tenemos la posibilidad de ofrecer nuestro arte para fomentar que la gente se reúna y sume su ayuda. Estamos para juntar voluntades”. En tanto Gori, cantante de Fantasmagoria, explica con simpleza la razón que llevó a su grupo a presentarse por primera vez con fines benéficos: “Cuando me enteré de que mucha gente de Santa Fe estaba sin luz, tanto en las calles como en las casas, me conmoví muchísimo. Creo que no había caído del todo. Y coincidió con que me invitaron a participar. Así que no lo dudé”.


Página 12, 14 de Mayo de 2003

 

 

 

Entrevista exclusiva con Andrés Ciro


Humphrey Inzillo | 07/12/03

El 20 de diciembre, Los Piojos presentarán “Máquina de sangre” en el estadio de River Plate. El cantante y líder Andrés Ciro Martínez habla de su nuevo disco, repasa el año piojoso y cuenta las expectativas de la banda de cara al show.



“La gente.” Ni pantallas, ni fuegos artificiales, ni escenarios monstruosos, ni cientos de bailarinas... La respuesta de Andrés Ciro Martínez a la pregunta sobre los ejes extramusicales del recital es elocuente. La vedette será el show (¿aparte?) que realizarán Piojos y piojosos. El Ritual más grande del mundo. El 20 de diciembre Los Piojos entrarán al olimpo rockero argentino. Serán, junto a los Redondos, La Renga y Soda Stereo, uno de los grupos que llenó el estadio Monumental. Será, también, la primera vez que toquen en vivo la mayoría de los temas del excelente “Máquina de sangre”, su sexto disco de estudios. Falta menos de un mes, y las entradas para el que promete ser el recital más importante del año están casi agotadas.

- ¿Qué expectativas despierta el show en River dentro de Los Piojos?
- Significa un antes y un despues. Uno no puede evitar recordar los viejos tiempos de ensayar en los livings de las casas, el hambre de todo. Este River es como una gran estación de tren. Vale la pena bajarse y mirar un poco alrededor, y las vías hacia atrás. Y a la vez nos da mucha confianza y alegría para seguir. Es emocionante.

- Hablemos del disco: en "Máquina de Sangre" hay coqueteos con la world music, ¿cómo surgieron esos acercamientos a ritmos folclóricos de otros países?
- Se dieron casualmente. En todos nuestros discos hay variedad de ritmos. En "Langostas" por ejemplo, quise poner algun instrumento característico de cada lugar invadido por Estados Unidos, pero habría hecho falta una orquesta.

- Otra de las características del disco son las baladas, por cantidad y calidad. ¿Coincidís en la idea de que esa es una de las tónicas del disco? ¿Fue uno de los conceptos previos que marcó cómo iba a ser "Máquina de sangre"?
- No hubo una preconceptualización del disco. Se eligieron los temas desde lo que había y en eso influyó la decisión de Alfredo Toth. Quedó afuera un rock del que no me convencía la letra.

- "Como Alí" seguramente será uno de los hits del verano. Pero, además, es uno de los temas más novedosos del disco nuevo, para el sonido del grupo. ¿Cómo surgió el acercamiento a ese ska, digamos, pachanguero?
- Ese tema sigue, un poco, la línea de "Don´t say tomorrow", un tema de "Tercer Arco", e incluso de "Pistolas" en las versiones originales, que no eran tan lentas como quedó en "Ay, ay, ay". Parte de la melodía la rescató Mickie de un viejo cassette a lo que agregó otras partes. Hace tiempo yo quería meter algo marchoso en un tema y ver qué pasaba en vivo. Y creo que la letra es bastante explícita.

- ¿Mimi Maura fue la musa inspiradora de "Amor de perros"? ¿Cómo se dio la participación de ella en el disco?


- No fue la musa. La conocí precisamente para ofrecerle cantarlo conmigo después de haber visto su video de "Misterio" y de ser un admirador de su voz. Sí acomodé algún verso como "la oí cantar a su manera" ó "del Caribe el perfume llegó", pero solo eso.

- Una vez más, en el disco hay un futbolista cantando. ¿De qué modo se incorporó Nicolás Burdisso como corista invitado?
- Me llamó un día cuando estábamos grabando para ver si podía visitarnos y como buen hincha de Boca le dije que ni lo dude. Después vino una segunda vez y estábamos metiendo coros. Lo probamos y vimos que afinaba lo más bien así que ya tiene laburo para cuando se retire.

- De un buen tiempo a esta parte, Los Piojos se han convertido en un grupo de grandes estadios, ¿extrañan la intimidad de escenarios más pequeños?
- Eso se soluciona dando shows casi sin avisar en lugares chicos. Por otro lado en la gira por España tocamos en lugares para dos mil personas. Pero sí, se extraña, sobre todo en el contacto con el público de Buenos Aires. Pero ya inventaremos algo.

- Estuvieron tocando mucho afuera durante 2003, ¿qué balance hacés de la proyección internacional del grupo?
- Estamos en el comienzo y todo se hace por ahora bastante arduo por ser una banda independiente y no tener el respaldo de una multinacional que te haga sonar en las radios, te pague los viajes, etc. De todas formas en España llevamos la misma o más gente que bandas que fueron cuatro, cinco o más veces, así que no nos podemos quejar. En Latinoamérica estamos casi vírgenes y en Estados Unidos se trata de entretener a los argentinos, comprar alguna guitarra y traer dólares. Los latinos quieren salsa y los yanquis no te dan bola. Por ahora se trata más o menos de eso.

 

 

Primavera piojosa

Los mendocinos podrán ver a Los Piojos éste sábado, festejando el día del estudiante. La entrevista de Walter Gazzo a Andrés Ciro Martínez, publicada por el diario Los Andes, de esa provincia.

Walter Gazzo (Diario Los Andes de Mendoza)


19.09.2002.

Como una cosa casi religiosa, la banda se reúne tres días a la semana en una quinta de Paso del Rey, localidad ubicada a unos 45 kilómetros de la Capital Federal. Allí, Los Piojos tienen su tiempo, sus momentos, sus ideas y sus cosas. Y precisamente desde ese lugar, Los Andes dialogó con Andrés Ciro Martínez.

-Ahora están en Paso del Rey, ¿el lugar les permite la descarga o la carga?

-De todo, este lugar nos permite hacer todo. Charlamos mucho, ensayamos, jugamos algún fulbito... Es el lugar donde nos permitimos estar tranquilos, haciendo lo que nos gusta, planear lo nuevo...

-¿Qué es lo nuevo?

-Está todo muy verde. Hay muchas cosas muy interesantes, copadas, pero hay que trabajarlas con más intensidad. Tenemos algunos temas hechos pero el trabajo grueso como para hacer un nuevo disco aún no lo comenzamos. La idea es terminar la gira para ponernos con eso.

-Sin embargo ya presentaron algunos temas nuevos...

-Sí, porque los tenemos desde hace algún tiempo. Siempre van saliendo cosas nuevas. Hay mucho material.

-“Verde paisaje del infierno” salió en el 2000. ¿por qué el tiempo tan largo entre disco y disco?

-Seguramente tiene mucho que ver que hemos estado casi en forma permanente de gira. Eso te mantiene muy ocupado y es muy escasa la posibilidad que te queda para laburar en un nuevo material. Además, no nos gusta hacer discos con dos temas buenos y los demás que sean rellenos. Nuestro tarea siempre ha sido trabajar bien. Y también tiene mucho que ver la incertidumbre con que vivimos en este país, los precios que se dispararon y la realidad actual.

-Hablás del país, ¿cómo se sienten afectados?

-De todas maneras. Seguimos trabajando como un equipo y de la misma manera que siempre, pero individualmente nos sentimos tan golpeados como cualquiera que vive en Argentina.

-En “Verde...” hay letras que hablaban de la realidad de hace dos años atrás pero, lamentablemente, hoy siguen manteniéndose vigentes...

-...pero no sólo eso, sino que se están incrementando. Fijate que en nuestro primer disco hay letras como “Los mocosos”, “Llevatelo”, o “Babilonia” -del segundo disco- que ya reflejaban las situaciones por las que estamos atravesando. Es lamentable que esas letras sigan siendo tan reales y actuales.

-Mucha gente piensa que la situación actual le permite al artista tener letra para escribir, ¿cómo lo ves vos desde tu rol de compositor principal de la banda?

-Es algo bastante relativo. El talento reside más en cómo se dice que cómo se dice. Estos días te pueden dar mucha letra para escribir pero tampoco debés tener muchas ganar de escuchar a unos tipos que te están diciendo todo el tiempo lo mismo que dicen los diarios, lo que dice la tele y lo mismo que vivís en la calle. Por eso te digo que lo importante es cómo se dice.

-¿Y esa carga pesa sobre tu espalda?

-Algo... pero ahora los chicos también están escribiendo. Hay cosas de las que me encargo más yo que los demás de escribir, y la realidad es uno de los temas que me tocan casi en forma directa.

-¿Qué es lo que más te afecta personalmente?

-Hay muchas cosas que me llegan. Cosas que vienen desde hace tiempo. Cuando salió la letra de Maradó fue por algo que yo tenía muy adentro que me había tocado de manera muy profunda. Ahora escribí un tema que se llama Dientes de Cordero y está casi terminado. Ahí hablo de la gente que se une para protestar frente a los lobos. Por ahí, por algún sentimiento, me genera una cierta esperanza todo este movimiento social que se está produciendo pero por otro lado siento mucho desánimo y temor por la inseguridad en la que vivimos. Me duele mucho lo que le está pasando a la Argentina, porque parece que todo va para atrás, y eso es increíble que suceda en un país que puede alimentarse solo. Es increíble que exista el hambre en este país, que no existan proyectos de nada, que los tipos que organizan y administran las cosas se afanen todo... Pero esa ya es historia conocida. Por eso no se puede cantar todo el tiempo sobre esto, porque se torna imbancable. Hay que ser muy cuidadoso y ver si lo mechás en un par de temas. No podés estar martillándote lo cabeza vos mismo.

-Se habla que puede salir Ritual 2...

-Estamos en eso en estos días. Hay grabaciones de muchos shows, como los del Luna Park y otros tantos. Estamos chequeando los materiales, los niveles y todo lo artístico La idea general es hacer un disco doble.

-Los discos de Los Piojos tienen la particularidad que están definidos por un color: amarillo, azul, verde. Después de hablar de la situación del país y de como viene la mano, ¿qué color le pondrías al que viene?

-Negro con un puntito blanco... pero no sé si nos vamos a animar.



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