Entrevistas
Los
Piojos, o la banda que se hace fuerte en cualquier cancha
El grupo del oeste bonaerense metió 50 mil personas en
Vélez y confirmó un ritual que ya marca una época
en el rock argentino. Fueron 32 canciones y 3 horas impecables
de música y celebración.
Por Cristian Vitale
Primero fueron 10 mil, hace ya siete años en el microestadio
de Racing. Después, 25 mil en All Boys (1999), 31 mil en
el segundo Atlanta –el de 2001–, casi 40 mil en Huracán
y 70 mil en el vertiginoso ascenso a primera que los depositó
en River Plate, en el epílogo del pasado año. Ahora,
Los Piojos demostraron que no solamente pudieron llegar al cenit
de su popularidad, sino que –aunque no sin concesiones publicitarias
y propagandísticas “al borde”– pudieron
mantenerse en un sitial incómodo: fueron casi 50 mil personas
en un Vélez a pleno y bien caliente. Y seguramente superarán
las 90 mil cuando se sume la fecha de mañana –ayer
se suspendió por lluvia–. La breve genealogía
estadística ubica al grupo de El Palomar y Caseros como
protagonista clave de “la era de los estadios” en
el rock argentino y, como tal, en una auténtica máquina
de sangre que mueve fortuna, da trabajo y concita la atención
de sectores de la sociedad que hace 10 años creían
todavía que los piojos eran esos malditos bichos que te
comen la cabeza.
La enorme masividad, entonces, los transformó poco a poco
en mucho más que una banda de rock and roll. Los Piojos
son, hoy, un fenómeno social y cultural, y sus recitales
son rituales catárticos en los que la música es
central, claro, pero no alcanza a explicar el todo. Y para muestra
estuvo Vélez. El primer show, el del sábado, no
sólo expuso un estadio repleto, 32 canciones y 3 horas
impecables de música, sino también una serie de
detalles –en los que no muchos repararon– que también
dan cuenta de un fenómeno paramusical: primero... pese
a la preocupación de los organizadores por evitar las bengalas
y los fuegos artificiales –se “recomendó”
no llevar pirotecnia con bastante anterioridad–, la noche
figuró un fin de año en pleno mayo y con frío.
Como contracara de la maravillosa fiesta estética que brindan
morteros y bengalas –cómo negarlo– se jugó
feo varias veces: desde la platea alta, algún “vivo”
se dedicó a tirar bengalas directamente contra el público
del campo y la platea baja, motivando el malestar y los insultos
de un nutrido grupo. El fuego, antes de ser ceniza, también
impactó en varios desprevenidos de la platea Juan B. Justo,
donde había muchos pibitos, causando que bastante gente
tuviera que refugiarse bajo el techo. Segundo, se vio a más
de uno zapatear verdaderos malambos y no precisamente por escuchar
temas tipo Muévelo, sino como efecto de morteros lanzados
al revés. ¿Hace falta semejante bardo para agradecer
a la banda lo que la banda da?
Hecha esta salvedad, la banda ofreció un show intachable.
Quizás sin pensarlo, estructuró el recital en cinco
momentos conmovedores. El primero desdoblado en dos canciones
de amor y pasión en dosis parejas. “Hay un corazón
que se parte / cuando te vas a ninguna parte / cuando vos sabes
que tu lugar está aquí / aquí, junto a mí”
fue la letra que dio pie al cachondeo juguetón entre Andrés
Ciro y Mimí Maura durante Amor de Perros (Máquina
de Sangre), y culminó con un ramo de flores en manos de
la cantante. El infaltable Maradó completó el pico
emotivo. Necesario como nunca, provocó la primera y enorme
explosión. “Vaya desde acá toda esta energía
para el más grande del mundo”, gritó Ciro
y motivó que Vélez latiera –y temblara también–
con una furiosa versión del tema clave de Tercer Arco,
ejecutada con rabia... Mientras una inmensa camiseta de Argentina
con la cara del Diez dibujada en el centro iba y venía
por la popular local. El segundo pico llegó con el muy
stone Fantasma, de Máquina de Sangre. Pese a su escasa
vida, es la canción que mejor conecta al grupo con sus
orígenes y así lo entendieron sus fans más
genuinos. El tercero estuvo dado por una tríada potente
y sorpresiva. Promediando el recital apareció Omar Mollo
para cantar la mejor remake de Yira-Yira que pueda escucharse
hoy. El tango-rock dio paso a dos canciones de Ay Ay Ay: Muy Despacito
y Fumigator, tema este que, al igual que Siempre Bajando, lisonjeó
a los más ortodoxos. “Re grosso... hace mil que no
la escucho”, decía un pibe que medio se venía
quejando por la lista, como suele ocurrir entre los acérrimos.
Momento teatrístico con Ciro y su casco luchando contra
cucarachas en plan de ataque, en medio de una sonoridad despiadada
y excitante.
A esa altura, el show estaba en las antípodas de River.
El sonido era mejor, la banda estaba más predispuesta a
“romperla” y no hubo baches entre temas. Es cierto,
faltó Pablo Guerra y con él, Around and Around o
Chac to Chac, también los covers de La Rubia Tarada o El
mendigo del Dock Sud, pero apareció Pappo y quién
se iba a acordar de todo lo otro. “Recuerden este trío
–orientó Ciro– Fangio, Maradona y Pappo”.
El Carpo, en efecto, la descosió con los únicos
dos temas extra-piojos, el intenso Blues del Banquero y Descortés,
cantada bien a lo macho por un Pappo asombrosamente amigable.
Fue el cuarto momento cumbre. ¿El quinto?: lo provocó
la nuevita Canción de Cuna (“Quiero que te duermas
como un sol / que se acuesta en un campo de trigo. Tengo aquí
en mi pecho un corazón / igualito al hueco de tu ombligo.
Sabés quién temblaba / cuando ibas a nacer”)
fue el sensiblero cable a tierra que, además de la introspección
colectiva, le hizo caer la ficha al plateísta que arrojaba
bengalas. ¿Cómo no lograrlo?... había mil
niños y Ciro les estaba cantando a ellos y a sus “viejos
piojosos”. La guitarra de Ricardo Mollo hizo reaparecer
el infierno, ese que gusta, en Morella. El Balneario de los Doctores
Crotos –la canción en la que mejor se manifiesta
el ritual piojo– no fue el último tema –después
sonaron Cruel y un cierre espléndido con Babilonia, entre
otros– pero alcanzó para configurar una noche que,
dada la magia, sirvió como presagio de la ceremonia dispuesta
para mañana, si el tiempo lo permite.
Página 12, 24 de Mayo de 2004
Gracias
a Los Piojos hubo alegría en el Monumental
Ante más
de 65 mil fans, la banda liderada por Andrés Ciro concretó
el show más importante de su carrera. A pesar del calor
agobiante y de algunos baches sonoros, fue una fiesta de rock
nacional y popular.
Andrés Ciro, el carismático cantante de Los Piojos.
Por Cristian Vitale
Evidentemente, sigue habiendo razones del corazón que la
razón no entiende. Moris jamás hubiese imaginado
que más de 65 mil chicos y chicas que no habían
nacido cuando compuso allá por 1972 El mendigo del Dock
Sud la corearían en 2003. Mucho menos que patearan un furioso
rock and roll al ritmo de Zapatos de gamuza azul, que Birabent
padre versionó en 1978 y Andrés Ciro revivió
como furgón de cola de Around and Around, de los primeros
Stones, promediando el recital-debut de Los Piojos en River. La
misma cantidad de almas se unió en aplausos hacia Mimi
Maura, en el momento en que el frontman la presentó para
hacer a dúo Amor de perros, uno de los temas de Máquina
de sangre, el disco presentado. El entusiasmo era tal que hasta
alcanzó a un prócer del tango, seguramente ignorado
por la mayoría de los presentes: cuando Gabriel Clausi
–92 años, ex bandoneonista de las orquestas de Julio
De Caro y Pedro Maffia, entre otros– terminó de ejecutar
su tanguito, recibió una ovación que le cacheteó
el corazón. “Guarda con la emoción, viejo”,
gritó un piojoso desde la platea, temiendo por su salud.
Pero el calor popular no quedó ahí: atravesó
también al Pollo Raffo, un eterno laburante de la música.
“Los veíamos que venían por la ruta, o en
el tren. Nos acostumbraron a llenar Arpegios, el Luna, Obras y
ahora River. Impresionante”, exclamó Ciro a sus acólitos
entre Fantasma y Guadalupe, ambos temas nuevos, poco después
del interludio de Clausi. ¿Qué explica la introducción?
Por una parte, en un nivel general, que la inmensa cantidad de
gente presente en River no solo habla de la popularidad que Los
Piojos supieron construir en 12 años de trayectoria, sino
también del momento de auge que atraviesa el rock barrial,
nacional y popular, o como sea se llame, con tres bandas que ya
se le atrevieron a River –Los Redondos y La Renga, además–
y otras que lo están pensando seriamente –¿Bersuit,
Divididos?, el tiempo dirá–. Por otra parte, más
particular, queda claro el ascendiente que Ciro y compañía
tienen sobre sus seguidores. Que 65 mil tipos ovacionen a Maura,
Clausi, Raffo o el que venga como si fueran auténticos
fanáticos revela una intensa relación emotiva entre
líder –o líderes– y masa, que en política
se dice populismo y en rock, dados varios ejemplos ya, podría
decirse que también. O verticalismo tal vez: “La
masa adora lo mismo –no importa qué o por qué–
que su referente, se entrega mansa a sus gustos y elecciones.”
Ciro contagia. Populariza lo que toca o nombra. Y es líder
principalmente porque tiene carisma, pero también porque
se tomó años en construir una mística sensitiva,
un sentimiento que fusiona nacionalismo del sano –“El
que no salta es un inglés”, es uno de los cánticos
preferidos de sus fieles–, identidad barrial –al final
del recital el grupo se tomó 15 minutos en nombrar todos
los barrios de todas las banderas, que eran como mil–, permanente
apelación al fútbol –Maradó desató
un remolino descontrolado de danzas y bengalas– y rock sin
vueltas, así como lo entiende el flaco de la esquina...,
ese al que le alcanzan las topper, el jean clásico, la
minita y la cerveza para ser feliz.
El show fue demasiado largo. Casi agobiante para todo aquel que
no fuese un fan absoluto. Duró tres horas y media. Hubo
problemas técnicos con los instrumentos, mucho bache entre
tema y tema, momentos agitados y festivos con Tan solo y el nuevo
hit Como Alí, cuyo video se estrenó en pantalla
gigante; hubo vuelo musical en Llévatelo –con un
dueto entre la armónica de Ciro y la guitarra de Pablo
Guerra, reviviendo viejos tiempos, cuando el ex Caballeros de
la Quema formaba parte del elenco–, Dientes de Cordero y
la climática balada Sudestada. También tiernas corazonadas
para bajar –qué hermosas son Canción de cuna
y Muy despacito–.
Muy pasada la una, ya domingo y con los fans en plena retirada,
Los Piojos quisieron devolver algo de tanta bengala ofrecida en
tanto recitalcon un festival de fuegos artificiales lanzados prolijamente
–o sea antirritualmente– desde la tribuna visitante
hacia el cielo. No pareció una buena idea. “Parece
el cierre de campaña de Macri”, dijo irónico
un disidente espontáneo con la garganta ronca de cantar.
“No tocaron Ruleta, ni San Jauretche”, le respondió
su novia en otro plan. Emociones encontradas, mezcladas, reacciones
típicas de cuando la relación se construye por sensibilidad.
Página 12, 22 de Diciembre de 2003
Los
Piojos tocan hoy en solidaridad con los inundados de Santa Fe
El grupo se
presentará esta noche en el Luna Park, en un show cuya
recaudación completa irá a parar al Hospital de
Niños santafesino. En Niceto, en tanto, habrá otro
festival de bandas alternativas.
Por Javier Aguirre
Una de las tres bandas de rock más convocantes de la actualidad,
Los Piojos, se presentará esta noche en el Luna Park a
beneficio del Hospital de Niños de Santa Fe, en el que
será el aporte de mayor envergadura realizado hasta el
momento por el rock en favor de los damnificados por la trágica
inundación. El concierto, que comenzará a las 20.30,
tiene agotadas desde el lunes las 8000 localidades que se pusieron
a la venta, a pesar de la escasa promoción con la que contó.
El dinero recaudado –se calculan unos 80.000 pesos–
será donado al hospital sin intermediarios, ya que las
autoridades del establecimiento presentarán directamente
a la banda un listado de las necesidades más urgentes (que
tienen que ver con la reconstrucción de instalaciones,
debido a la magnitud de los daños). Los organizadores precisaron
ayer que el estadio Luna Park cedió gratuitamente sus dependencias
para la realización del show, del mismo modo que diversas
empresas realizarán aportes varios para la concreción
del concierto, en cuanto a iluminación y sonido (Teddy
Goldman), grupo electrógeno (Sullair), equipos de video
(Troy), estructuras (Quintana), producción (Rock &
Pop) y seguridad (Blander). La banda recomendó a quienes
no tengan localidades, no adquirirlas a supuestos revendedores,
ya que debido a la elevada demanda podrían circular entradas
falsas.
En paralelo al entusiasmo por la iniciativa solidaria, la reventa
de entradas no aparece como una sorpresa, ya que cada nuevo show
de la banda de El Palomar genera gran expectativa en su público.
En especial en este momento, que los encuentra con poca actividad
en vivo: este será apenas el segundo show del grupo en
2003, ya que en lo que va del año sólo se había
presentado en el festival veraniego Cosquín Rock. Además,
no tocaba en vivo en Buenos Aires desde las cuatro funciones que
dieron, también en el Luna, a fines del año pasado.
Y los próximos planes sólo contemplan conciertos
lejos de la Capital: en Córdoba (5 y 6 de junio, en La
Vieja Usina) y en Mendoza (13 y 14 de junio, en el Estadio Pacífico).
Después, en julio, el grupo entrará a estudios a
grabar su nuevo disco, con la producción de su cantante
Andrés Ciro y de Alfredo Toth, quien ya produjo trabajos
anteriores de la banda. El concierto de hoy, en tanto, augura
invitados como León Gieco –él mismo lo confirmó
en público, el domingo último en el escenario de
Obras– y probablemente otros músicos cercanos a Los
Piojos, como Divididos y Omar Mollo. Gieco, Juan Carlos Baglietto
y Fito Páez concretaron el domingo dos shows consecutivos
en ese estadio, actividades con las cuales recolectaron 34 mil
litros de leche para los inundados santafesinos. El lunes, en
un tono más under, Cemento albergó shows de Carajo,
Arbol, Kapanga y los santafesinos Cabezones, organizadores del
concierto, con toda la recaudación a beneficio del pueblo
santafesino.
El concierto de Los Piojos no será el único que
habrá esta noche a beneficio de Santa Fe. En Niceto, bandas
independientes de rock, pop y electrónica como Capri, Fantasmagoria,
Adicta, Bristol y Proyecto Verona se presentarán a beneficio
de distintas escuelas santafesinas. En este caso, el mecanismo
de ayuda será a través de la reunión de útiles
escolares. En relación a su participación en el
evento, Verónica, cantante de Proyecto Verona, dijo a Página/12:
“Hay que hacer algo y, para nosotros, formar parte de un
concierto de estas características es lo más apropiado.
Creo que todas las personas tienen que ayudar ante una emergencia
como ésta, que es una verdadera tragedia. Los artistas
tenemos la posibilidad de ofrecer nuestro arte para fomentar que
la gente se reúna y sume su ayuda. Estamos para juntar
voluntades”. En tanto Gori, cantante de Fantasmagoria, explica
con simpleza la razón que llevó a su grupo a presentarse
por primera vez con fines benéficos: “Cuando me enteré
de que mucha gente de Santa Fe estaba sin luz, tanto en las calles
como en las casas, me conmoví muchísimo. Creo que
no había caído del todo. Y coincidió con
que me invitaron a participar. Así que no lo dudé”.
Página 12, 14 de Mayo de 2003
Entrevista
exclusiva con Andrés Ciro
Humphrey Inzillo | 07/12/03
El 20 de diciembre, Los Piojos presentarán “Máquina
de sangre” en el estadio de River Plate. El cantante y líder
Andrés Ciro Martínez habla de su nuevo disco, repasa
el año piojoso y cuenta las expectativas de la banda de
cara al show.
“La gente.” Ni pantallas, ni fuegos artificiales,
ni escenarios monstruosos, ni cientos de bailarinas... La respuesta
de Andrés Ciro Martínez a la pregunta sobre los
ejes extramusicales del recital es elocuente. La vedette será
el show (¿aparte?) que realizarán Piojos y piojosos.
El Ritual más grande del mundo. El 20 de diciembre Los
Piojos entrarán al olimpo rockero argentino. Serán,
junto a los Redondos, La Renga y Soda Stereo, uno de los grupos
que llenó el estadio Monumental. Será, también,
la primera vez que toquen en vivo la mayoría de los temas
del excelente “Máquina de sangre”, su sexto
disco de estudios. Falta menos de un mes, y las entradas para
el que promete ser el recital más importante del año
están casi agotadas.
- ¿Qué
expectativas despierta el show en River dentro de Los Piojos?
- Significa un antes y un despues. Uno no puede evitar recordar
los viejos tiempos de ensayar en los livings de las casas, el
hambre de todo. Este River es como una gran estación de
tren. Vale la pena bajarse y mirar un poco alrededor, y las vías
hacia atrás. Y a la vez nos da mucha confianza y alegría
para seguir. Es emocionante.
- Hablemos
del disco: en "Máquina de Sangre" hay coqueteos
con la world music, ¿cómo surgieron esos acercamientos
a ritmos folclóricos de otros países?
- Se dieron casualmente. En todos nuestros discos hay variedad
de ritmos. En "Langostas" por ejemplo, quise poner algun
instrumento característico de cada lugar invadido por Estados
Unidos, pero habría hecho falta una orquesta.
- Otra de
las características del disco son las baladas, por cantidad
y calidad. ¿Coincidís en la idea de que esa es una
de las tónicas del disco? ¿Fue uno de los conceptos
previos que marcó cómo iba a ser "Máquina
de sangre"?
- No hubo una preconceptualización del disco. Se eligieron
los temas desde lo que había y en eso influyó la
decisión de Alfredo Toth. Quedó afuera un rock del
que no me convencía la letra.
- "Como
Alí" seguramente será uno de los hits del verano.
Pero, además, es uno de los temas más novedosos
del disco nuevo, para el sonido del grupo. ¿Cómo
surgió el acercamiento a ese ska, digamos, pachanguero?
- Ese tema sigue, un poco, la línea de "Don´t
say tomorrow", un tema de "Tercer Arco", e incluso
de "Pistolas" en las versiones originales, que no eran
tan lentas como quedó en "Ay, ay, ay". Parte
de la melodía la rescató Mickie de un viejo cassette
a lo que agregó otras partes. Hace tiempo yo quería
meter algo marchoso en un tema y ver qué pasaba en vivo.
Y creo que la letra es bastante explícita.
-
¿Mimi Maura fue la musa inspiradora de "Amor de perros"?
¿Cómo se dio la participación de ella en
el disco?
- No fue la musa. La conocí precisamente para ofrecerle
cantarlo conmigo después de haber visto su video de "Misterio"
y de ser un admirador de su voz. Sí acomodé algún
verso como "la oí cantar a su manera" ó
"del Caribe el perfume llegó", pero solo eso.
- Una vez
más, en el disco hay un futbolista cantando. ¿De
qué modo se incorporó Nicolás Burdisso como
corista invitado?
- Me llamó un día cuando estábamos grabando
para ver si podía visitarnos y como buen hincha de Boca
le dije que ni lo dude. Después vino una segunda vez y
estábamos metiendo coros. Lo probamos y vimos que afinaba
lo más bien así que ya tiene laburo para cuando
se retire.
- De un buen
tiempo a esta parte, Los Piojos se han convertido en un grupo
de grandes estadios, ¿extrañan la intimidad de escenarios
más pequeños?
- Eso se soluciona dando shows casi sin avisar en lugares chicos.
Por otro lado en la gira por España tocamos en lugares
para dos mil personas. Pero sí, se extraña, sobre
todo en el contacto con el público de Buenos Aires. Pero
ya inventaremos algo.
- Estuvieron
tocando mucho afuera durante 2003, ¿qué balance
hacés de la proyección internacional del grupo?
- Estamos en el comienzo y todo se hace por ahora bastante arduo
por ser una banda independiente y no tener el respaldo de una
multinacional que te haga sonar en las radios, te pague los viajes,
etc. De todas formas en España llevamos la misma o más
gente que bandas que fueron cuatro, cinco o más veces,
así que no nos podemos quejar. En Latinoamérica
estamos casi vírgenes y en Estados Unidos se trata de entretener
a los argentinos, comprar alguna guitarra y traer dólares.
Los latinos quieren salsa y los yanquis no te dan bola. Por ahora
se trata más o menos de eso.
Primavera
piojosa
Los mendocinos
podrán ver a Los Piojos éste sábado, festejando
el día del estudiante. La entrevista de Walter Gazzo a
Andrés Ciro Martínez, publicada por el diario Los
Andes, de esa provincia.
Walter Gazzo
(Diario Los Andes de Mendoza)
19.09.2002.
Como una cosa
casi religiosa, la banda se reúne tres días a la
semana en una quinta de Paso del Rey, localidad ubicada a unos
45 kilómetros de la Capital Federal. Allí, Los Piojos
tienen su tiempo, sus momentos, sus ideas y sus cosas. Y precisamente
desde ese lugar, Los Andes dialogó con Andrés Ciro
Martínez.
-Ahora están
en Paso del Rey, ¿el lugar les permite la descarga o la
carga?
-De todo,
este lugar nos permite hacer todo. Charlamos mucho, ensayamos,
jugamos algún fulbito... Es el lugar donde nos permitimos
estar tranquilos, haciendo lo que nos gusta, planear lo nuevo...
-¿Qué
es lo nuevo?
-Está
todo muy verde. Hay muchas cosas muy interesantes, copadas, pero
hay que trabajarlas con más intensidad. Tenemos algunos
temas hechos pero el trabajo grueso como para hacer un nuevo disco
aún no lo comenzamos. La idea es terminar la gira para
ponernos con eso.
-Sin embargo
ya presentaron algunos temas nuevos...
-Sí,
porque los tenemos desde hace algún tiempo. Siempre van
saliendo cosas nuevas. Hay mucho material.
-“Verde
paisaje del infierno” salió en el 2000. ¿por
qué el tiempo tan largo entre disco y disco?
-Seguramente
tiene mucho que ver que hemos estado casi en forma permanente
de gira. Eso te mantiene muy ocupado y es muy escasa la posibilidad
que te queda para laburar en un nuevo material. Además,
no nos gusta hacer discos con dos temas buenos y los demás
que sean rellenos. Nuestro tarea siempre ha sido trabajar bien.
Y también tiene mucho que ver la incertidumbre con que
vivimos en este país, los precios que se dispararon y la
realidad actual.
-Hablás
del país, ¿cómo se sienten afectados?
-De todas
maneras. Seguimos trabajando como un equipo y de la misma manera
que siempre, pero individualmente nos sentimos tan golpeados como
cualquiera que vive en Argentina.
-En “Verde...”
hay letras que hablaban de la realidad de hace dos años
atrás pero, lamentablemente, hoy siguen manteniéndose
vigentes...
-...pero no
sólo eso, sino que se están incrementando. Fijate
que en nuestro primer disco hay letras como “Los mocosos”,
“Llevatelo”, o “Babilonia” -del segundo
disco- que ya reflejaban las situaciones por las que estamos atravesando.
Es lamentable que esas letras sigan siendo tan reales y actuales.
-Mucha gente
piensa que la situación actual le permite al artista tener
letra para escribir, ¿cómo lo ves vos desde tu rol
de compositor principal de la banda?
-Es algo bastante
relativo. El talento reside más en cómo se dice
que cómo se dice. Estos días te pueden dar mucha
letra para escribir pero tampoco debés tener muchas ganar
de escuchar a unos tipos que te están diciendo todo el
tiempo lo mismo que dicen los diarios, lo que dice la tele y lo
mismo que vivís en la calle. Por eso te digo que lo importante
es cómo se dice.
-¿Y
esa carga pesa sobre tu espalda?
-Algo... pero
ahora los chicos también están escribiendo. Hay
cosas de las que me encargo más yo que los demás
de escribir, y la realidad es uno de los temas que me tocan casi
en forma directa.
-¿Qué
es lo que más te afecta personalmente?
-Hay muchas
cosas que me llegan. Cosas que vienen desde hace tiempo. Cuando
salió la letra de Maradó fue por algo que yo tenía
muy adentro que me había tocado de manera muy profunda.
Ahora escribí un tema que se llama Dientes de Cordero y
está casi terminado. Ahí hablo de la gente que se
une para protestar frente a los lobos. Por ahí, por algún
sentimiento, me genera una cierta esperanza todo este movimiento
social que se está produciendo pero por otro lado siento
mucho desánimo y temor por la inseguridad en la que vivimos.
Me duele mucho lo que le está pasando a la Argentina, porque
parece que todo va para atrás, y eso es increíble
que suceda en un país que puede alimentarse solo. Es increíble
que exista el hambre en este país, que no existan proyectos
de nada, que los tipos que organizan y administran las cosas se
afanen todo... Pero esa ya es historia conocida. Por eso no se
puede cantar todo el tiempo sobre esto, porque se torna imbancable.
Hay que ser muy cuidadoso y ver si lo mechás en un par
de temas. No podés estar martillándote lo cabeza
vos mismo.
-Se habla
que puede salir Ritual 2...
-Estamos en
eso en estos días. Hay grabaciones de muchos shows, como
los del Luna Park y otros tantos. Estamos chequeando los materiales,
los niveles y todo lo artístico La idea general es hacer
un disco doble.
-Los discos
de Los Piojos tienen la particularidad que están definidos
por un color: amarillo, azul, verde. Después de hablar
de la situación del país y de como viene la mano,
¿qué color le pondrías al que viene?
-Negro con
un puntito blanco... pero no sé si nos vamos a animar.
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