Biografía
Todo empezó
a fines del 87 en Ciudad Jardín, El Palomar. Cuando un
grupo de amigos se juntaron para tocar. De esa primera formación
que estaban Mickie, Piti, Pablo Guerra y un amigo del barrio formaron
la primera versión de Los Piojos. Luego gracias a Pablo
Guerra (que luego se iría a los caballeros de la quema),
Andrés entro a la banda como armoniquista invitado para
luego convertirse en letrista, compositor y cantante. En esa época
Los Piojos tocaban en pubs, para luego pasar al under porteño.
Hacían
rocanrol y metían algunas cositas interesantes y diferentes.
Algún candombe, algún tanguito, algo que no se pareciera
a lo que había para ver y escuchar por ese entonces. Los
diez, los veinte, los cincuenta que desgarraban sus gargantas
coreando Cruel sentían que era su banda, su descubrimiento
más preciado, su tesoro. Ni en el terreno de la imaginación
daba vueltas la idea de miles de personas cantando Tan solo en
un estadio de fútbol repleto. O de Los mocosos sonando
como una reliquia de los peleados viejos tiempos. Se acercaban
los noventa, arrancaba el reinado de Carlos Menem, empezaban a
vender el país. Los Piojos salían a los pequeños
escenarios del rock porteño y bonaerense: Teatro Arlequines
(donde alguna vez monologó Enrique Symms), Graf Zeppelin
(de Ciudad Jardín), Baroqué, Always, Ma Baker (allí
Andrés Ciro cantó por primera vez), La Plaza del
Avión y Boa Vista, que ostenta una grabación pirata
muy preciada. Esa noche, el guitarrista invitado fue Skay Beilinson,
de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Fueron inolvidables
las fechas en Villa Gesell en el verano del 1989/90. En el boliche
Toulousse, sobre la costa, actuaron 13 veces en 15 noches. Los
Piojos dormían en cuartitos de chapa, en camas marineras
llenas de pulgas. Pero valió la pena: los vieron casi 100
personas por recital.
Eran poquitos
-muy poquitos- en los primeros shows. Con Los Piojos ocurrió
lo que con casi todas las bandas de rocanrol: los espectadores
primarios eran los amigos más cercanos. El repertorio iba
de algunas canciones propias (El blues del gato sarnoso, Ay qué
maravilla) a covers (de los Stones y Lou Reed). A esa altura,
todos los temas ya se veían teñidos por los sonidos
característicos que la banda aseguró -con el tiempo-
como marca registrada. El acento rioplantense y tanguero asomaba
y se expandía de boca en boca por los colegios secundarios
de Ciudad Jardín, Martín Coronado y Palomar.
Y fue promediando
1991 cuando dieron un paso muy grande e inesperado. Los Piojos
fueron invitados a ser parte del Festival de Música Antirracista
de Países del Tercer Mundo, nada menos que en una de las
capitales de Europa, París. Antes y después de subir
ellos al escenario, tocaron grupos de Cuba, de Marruecos, de Burkina
Faso, de Malí, de España y de Francia. El número
mayor era una banda que andaba revolucionando la música
con sus influencias árabes y latinas: Mano Negra.
Si querés
alto volar
De vuelta
al barrio, no dejaba de rondar por sus cabezas la idea y la ilusión
de grabar el primer disco. Ya los seguían chicos de colegios
de la Capital. El Avellaneda (de Palermo) era uno fiel, y el Esnaola
(de orientación musical) tenía entre sus alumnos
a Tavo Kupinski, que tocaba en Los Sabuesos y conocía a
la banda porque su chica era de Ciudad Jardín. Él
pasó a reemplazar al violero Pablo Guerra, que recaló
en Caballeros de la Quema.
Y fue en el invierno de 1992, entre junio y agosto, cuando por
fin entraron a estudios en Del Cielito Records. En ese corto lapso
registraron Chac tu chac, su primer disco.
La idea fue
volcar todo lo compuesto entre el ‘88 y el ’92, todo
lo que hacían en vivo. Fue la primera experiencia en grabaciones
de estudio. La versión rocker del tango Yira yira los ubicó
en un plano de atención mayor, por atrevidos. Las románticas
Tan solo y A veces mostraban una veta sensible que siempre lucen
con orgullo.
Los Piojos trataban de tocar todos los fines de semana, y mal
no les iba. El año ’93 fue próspero en cuanto
a presentaciones en vivo y una gira los llevó a Rosario,
Mar del Plata y Bahía Blanca. Lo que ocurría era
que llegaban a los lugares y nadie sabía que iban a tocar
allí. El apoyo de la compañía era nulo.
Algo nena,
algo está pasando
Si hay un
lugar al que Los Piojos y sus seguidores de la primera hora recuerdan
con cariño y nostalgia es el Teatro Arpegios, en la calle
Cochabamba, cerca de la Autopista, en San Telmo. En ese lugar
-en ese sótano- ya empezaban a colgarse las primeras banderas,
los más desaforados invadían el escenario para bailar
con Andrés Ciro, las chicas del público se renovaban
fecha a fecha y los pogos crecían cada vez más.
Eran shows íntimos y no tanto, porque se daba una fiesta
que se grababa en las retinas de todos. Esa fue una buena época
de siembra para la banda.
Otro recuerdo: en el colegio Mariano Acosta se organizaban los
“contrafestejos” por el 12 de octubre, el llamado
“Día de la Raza”, todos los años. Una
vez participaron.
La escenografía
en los escenarios, trabajada para cada fecha, ya era costumbre.
El color rojo del segundo disco -Ay ay ay, de 1994- llenaba los
ojos. Los piojitos en las remeras se empezaban a ver de a poco
por los barrios y muchos pibes aprendían a tocan Ando ganas
con sus guitarras, o silbaban Muy despacito en los colectivos,
en los trenes, en los subtes. En una época, los subterráneos
de Buenos Aires musicalizaban un spot propio con el tema Chac
tu chac.
Ay ay ay fue
el primer trabajo con el ex GIT Alfredo Toth y Adrián Bilbao
como guías. Ellos les imprimieron una buena dosis de trabajo,
haciéndolos ensayar un mes antes de entrar al estudio.
Algunas cosas había que adaptar. El tema que le daba nombre
al disco duraba en vivo entre quince y veinte minutos, y no podía
grabarse de esa forma. Este segundo disco de Los Piojos fue dedicado
a Diego Armando Maradona. Nacía un amor.
El invierno
largo se fue
1996 fue el
año que marcó a Los Piojos para siempre. No solo
porque comenzó a darse eso de ritual que sólo entienden
los que alguna vez vieron a la banda en directo, sino porque salieron
al ruedo con un tercer álbum que los puso al frente de
las ventas y los ojos de todo el mundillo del rock, y de otros
también. Tercer arco fue presentado para la prensa de manera
muy tímida en el Teatro Arpegios. Apenas un par de decenas
de periodistas asistieron al evento y se llevaron de regalo uno
de los discos más exitosos de los ’90. De fondo,
mientras los invitados charlaban con los músicos, después
de la conferencia de prensa, sonaba el primer corte elegido: El
farolito. Cuando hablaban Andrés, Tavo, Mickie, Piti y
Dani se notaba que algo tramaban. Se sentía en el aire
que se tenían fe, esa fe que se percibe en la mirada.
Tercer arco
fue el primer disco donde llegaron al estudio a completar temas.
Ya empezaban a sufrir el karma del músico: el del contrato
musical. Esquina libertad y el tangazo Gris se terminaron sobre
la hora.
La primavera se tiñó ese año de un ritmo
nuevo para el gran público. Eso derivó en los primeros
Obras para la banda. Dos estadios casi llenos confirmaron lo que
las ventas y los comentarios de la calle decían. El momento
de Los Piojos había llegado. Luego vinieron dos microestadios
de Ferro en noviembre y tres Obras más al filo del ’97.
Fueron tiempos difíciles para los viejos fans del grupo.
Pero difíciles por el cambio tan brusco. Era loco verles
las caras. Miraban a su alrededor extrañados, perdidos
entre tanta nueva gente. Cantaban con toda la voz que podían
y espiaban a los demás para comprobar si se sabían
las letras de los temas viejos. Y la verdad es que sí,
que casi todos los que iban a ver a Los Piojos antes de aquel
verano se habían unido al ritual.
La fiesta
que despertaban temas como Pistolas, Te diría, o los recientes
Maradó (ese himno), Muévelo, Verano del ’92
y El farolito no tenían comparación. Muchas veces
se había visto Obras así de cargado, pero esto era
distinto. Algo estaba pasando en el rock argentino. Se iba 1996,
y esta vez las remeras que se expandían eran amarillas
como el disco más vendedor de Los Piojos.
Como el aire
de enero
Verano del
’97. Fue increíble lo que pasó durante enero
y febrero. Los que se quedaron en Argentina pasando calor lo vivieron
de cerca. Se dio una especie de revolución piojosa. El
farolito y Verano del ’92 eran cabeza de ranking en todas
las radios y el clip de Maradó trepaba al top ten de MTV.
El video -ambientado en la cancha de Huracán y con imágenes
del astro Diego haciendo de las suyas- dio vueltas por toda América
y llegó a los ojos del jugador, como ellos soñaban.
La típica
polémica que acarrea el éxito también se
hacía presente. El uoh bamba uoh bamba uoh y el oh oh ohó
oh ohó parecían estar instalados en los cerebros
de todos. Sonaban también en las AM y hasta hubo una horrible
versión cumbianchera de El farolito. Y eso provocó
que la banda respondiera dejando de tocar por un tiempo prudencial
sus dos más grandes hits, porque hasta ellos se habían
hartado.
En julio de
ese año metieron 10.000 personas en el Microestadio de
Racing Club de Avellaneda y en noviembre volvieron a Buenos Aires
para sitiar el Parque Sarmiento, ante 7.000 piojosos.
Azules son
las almas
Todavía
le quedaba a la banda un álbum más con la discográfica
DBN. Fue por eso que entraron otra vez a estudios para grabar
su cuarto trabajo, y a comienzos de 1998 editaron Azul. Lo presentaron
en el Parque Sarmiento, que se llenó una vez más.
Fue una grata sorpresa la actuación del coro de niños
Chiquicanto para interpretar Agua, que sería uno de los
temas más difundidos del disco.
Azul fue un
álbum que salió rápido. Tuvo cuatro meses
de gestación, con muchos temas que se terminaron en el
estudio. Por ejemplo el Vals inicial, que había sido tocado
una sola vez entero, y al día siguiente fue grabado. El
distintivo del cuarto disco piojoso fue que en un punto se le
dio la espalda a la búsqueda del hit, al éxito de
Tercer arco, y la idea fue meterse en el espíritu de ese
momento de la banda, pero aprovechando el éxito para darse
algunos gustitos: metieron coros de chicos, vientos, cuerdas,
sonidos sampleados. Se dieron el lujo de masterizarlo en Nueva
York. Cosas nuevas para Los Piojos.
Azul es un
disco con clima (Quemado), rocanrol (Buenos tiempos), rocandombes
(El balneario de los doctores crotos) y locuras (Finale), que
fue grabado en una especie de fogón, en ronda, con el Rifle
Pandolfi (ex jugador de fútbol y actual músico de
Actitud Sospechosa), Alfredo Toth y Adrián Bilbao de invitados.
El clip de El balneario... alcanzó una alta rotación
en las cadenas de televisión y los llevó a tocar
en el Distrito Federal y Guadalajara (México) y a San Diego,
Los Angeles y Miami, en Estados Unidos.
Ritual sin
calma
Si el ascenso
de Los Piojos se veía como algo difícil de continuar,
el año 1999 lo desmintió por completo. Fueron doce
meses de nuevos emprendimientos, de records, de alegrías.
A los tres
shows en Villa Gessell, Bariloche y Junín se le sumaron
en la primera mitad del año tres presentaciones en Obras,
pero muy especiales. La invitación fue ideal para que el
público piojoso fuera en masa a dar el presente: iban a
grabar su primer disco en vivo.
Y el amor
que había nacido tiempo atrás con Diego Maradona
tuvo su momento de gloria en aquel estadio, cuando el mejor jugador
de la historia del fútbol subió al escenario durante
-claro- Maradó. Luego de la introducción con el
Himno Nacional Argentino en armónica, apareció el
10 y agradeció a la banda que, emocionada hasta las lágrimas,
se pellizcaba para saber si era verdad. Maradona le regaló
en el escenario sus últimos botines a Andrés Ciro,
los que desde aquel momento siempre están presentes, colgados
del micrófono, cuando Los Piojos tocan Maradó.
Casi dos meses
después actuaron en La Plata, donde anunciaron el nombre
del nuevo disco (Ritual) y el de su propio sello discográfico
(El Farolito Discos). Sobre el nombre del álbum dijeron:
“Se llama así porque se da una cosa de ritual fuerte
en los recitales. Es un mundo distinto. Son los rituales del siglo
XX. Es un ritual absolutamente repartido entre la banda y la gente,
que es fundamental, no sólo por su presencia, sino también
por su entrega para que todo funcione”.
Aquellos dos
shows en el Microestadio de Gimnasia y Esgrima La Plata sirvieron
también para seguir presentando nuevas canciones: San Jauretche,
Luz de marfil y Reggae rojo y negro (“Es el primer reggae
que hacemos, vamos a ver cómo nos sale”, anunció
Ciro cuando fue estrenada en Obras).
Tras dos recitales
en Caleta Olivia y Comodoro Rivadavia, la banda paró por
dos meses para hacer un megaconcierto en la cancha de All Boys.
El show fue el 9 de octubre de 1999, y fue una fiesta que nadie
va a olvidar, porque tuvo de todo: estrenos (Media caña),
invitados de lujo (Chizzo, Tete y Tanque, de La Renga) y hasta
travestis en Go negro go (nunca había sido tocada en vivo).
Además, fue el record de convocatoria de Los Piojos: 26.000
personas. 2.000 se quedaron afuera. Esa noche, después
de tres horas de fiesta, las calles el barrio de Floresta se llenaron
de piojosos que como nunca habían llegado en masa para
confirmar lo que se venía desde hacía un tiempo:
Los Piojos estaban en su mejor momento.
El ’99
se fue con varios shows en el interior argentino (Rosario, Concordia,
Córdoba) y dos multitudinarios: uno en la cancha de Atlanta
(22.000 personas), y otro impresionante, gratuito, en la Plaza
Moreno de La Plata donde convocaron un 30 de diciembre a más
de 100.000 personas. Se iba un año increíble, se
venía uno movido.
Yo sé
que otra vez habrá sol
El 2000 los
encontró encerrados en una quinta que alquilaban en Paso
del Rey, preparando el disco sucesor de Ritual, que iba a salir
a mediados de año. En medio de la grabación llegó
el momento más triste para la banda: el adiós de
Dani Buira, el baterista y percusionista. Sobre el tema, esto
dijeron los protagonistas mediante un comunicado: “Somos
una banda de amigos. Vivimos juntos mucho tiempo, en la misma
casa. Convivimos casi todos los días muchas horas. Salimos,
jugamos al fútbol, nos fuimos de vacaciones, juntos. Hubo
un problema personal entre Tavo y Dani. Estábamos pensando
en un casting par una chica para un video y a la semana pasamos
a tener que pensar en un nuevo baterista. Es un golpe muy duro,
pero Tavo, Mickie, Piti, Ciro, Pocho y toda la gente que trabaja
con nosotros estamos unidos como nunca, si cabe. No queremos entrar
en detalles del por qué, pero fueron muy fuertes. Ya estamos
agradeciendo aquellos mensajes de apoyo que nos van llegando y
les decimos que estén tranquilos, que la banda sigue. Pero
no podíamos seguir si no era posible mirarnos a los ojos
sobre un escenario. Un abrazo grande, los queremos mucho”.
El nuevo baterista de Los Piojos, Sebastián “Roger”
Cardero, fue elegido pronto (llegó por recomendación
de Jorge Araujo, baterista de Divididos), y tocaron en Santa Fe,
Córdoba, Miami y Nueva York para ir aceitándose
otra vez.
A mitad de
2000 batieron otro de sus propios records: tocaron siete veces
en Obras en dos fines de semana. La séptima fue a beneficio
del Hospital Roffo, con invitados de lujo: Divididos (en Arco
y Taxi boy), La Renga, Viejas Locas, Los Auténticos Decadentes
y Verónica Condomí, entre otros. Fue una buena manera
de darle fuerza a un nuevo disco, el quinto en estudios, el sexto
de su historia, titulado Verde paisaje del infierno. Otra vez
un color como protagonista del arte de la banda, esta vez el verde.
Así lo explicó Ciro: “Veníamos pensando
en que el próximo tenía que ser verde. Azul iba
a ser verde, y un poco jugando con el tema de un lugar que nosotros
alquilamos para crearlo -una quinta- nació esta frase,
porque había mucho verde y era un lugar de verde paisaje
entre tantas cosas densas o infernales que ocurren. Estás
en un lugar para descansar, olvidarte de todo, tocar, jugar al
fútbol, laburar y preparar el nuevo disco. Y también
porque tal vez el infierno sea verde...”.
Y uno es todos,
y todos somos uno
El nuevo álbum
salió en octubre de 2000, y fue una apuesta fuerte, teniendo
en cuenta que se trataba del primer disco de estudios bajo El
Farolito Discos, que era el debut oficial de Roger Cardero y que
también Andrés se largaba a ser el productor artístico
(“Realmente fue una experiencia alucinante”, comentó).
Como si fuera poco, Ricardo Mollo produjo el sonido de guitarras.
Mejor no les pudo haber salido la jugada. Enseguida, los temas
de Verde paisaje del infierno empezaron a rotar por todas las
radios y muy pronto todos los piojosos se sabían las letras
y las cantaban como si se tratara de clásicos. Y además
había curiosidades: Fijáte (track 6 del cd) fue
cantado por Mickie, Reggae rojo y negro y Vine hasta aquí
fueron hechos por Piti, San Jauretche salió en homenaje
al pensador y escritor Arturo Jauretche y despertó en vivo
un pogo que no se había dado con otras canciones del grupo.
Verde paisaje...
fue presentado en todos los rincones de Argentina y a principios
de 2001 estrenaron el video clip de Ruleta, filmado en parte en
Comodoro Rivadavia, localidad del sur argentino en la que Los
Piojos juegan de locales. El clip de Ruleta rotó incesantemente
por todas las cadenas musicales y se colocó en el número
1 entre los más pedidos por el público en MTV. En
febrero actuaron en la primera edición del Festival Cosquín
Rock, en la provincia de Córdoba. En abril tocaron tres
noches seguidas en el Polideportivo de Gimnasia y Esgrima de La
Plata, donde se agotaron las 15 mil localidades. Además,
la banda estrenó Extraña soledad, canción
creada y cantada por Piti.
Después
de varias idas y vueltas para definir el lugar y la fecha de la
esperada presentación de Los Piojos en un estadio de Capital
Federal para tocar Verde paisaje del infierno, por fin en agosto
llegó la confirmación: sería el 20 de octubre,
en la cancha del Club Atlético Atlanta. Y otra vez la jugada
les salió bien. Lo dijo Andrés Ciro cuando promediaba
el show: “Esto no es un concierto ni un recital: es una
fiesta”. Y claro, nadie que haya ido ese sábado al
estadio de Atlanta puede negarlo. Los Piojos atrajeron a 30.000
personas, tocaron temas de todo su repertorio durante casi tres
horas y recibieron las visitas de los hermanos Mollo (Omar cantó
y tocó la guitarra en Yira yira y Around & Around y
Ricardo tocó la guitarra en Morella y también en
Around & Around). Como las entradas para este show se habían
agotado casi una semana atrás, Los Piojos debieron agregar
una nueva fecha el sábado 27, también en Atlanta.
Pero debido a una disposición del Gobierno de la Ciudad
de Buenos Aires referente a la habilitación del Estadio
del Club Atlético Atlanta, Los Piojos se vieron obligados
a suspender el show que tenían previsto.
Por eso, exactamente
dos semanas después de participar del Homenaje a Diego
Maradona -cuando tocaron en la Bombonera y en la fiesta exclusiva
del 10 en el Hotel Hilton-, y a 21 días de haberse presentado
en el estadio cubierto de Newell’s Old Boys de Rosario ante
7.500 personas, Los Piojos dieron su ritual el 24 de noviembre
y colmaron otra vez un estadio de fútbol. Esta vez fue
el turno del Palacio Tomás A. Ducó, del Club Atlético
Huracán. Cuando comenzó el 2001, ni Los Piojos imaginaban
que el fin de año los encontraría batiendo nuevos
records propios de convocatoria. Ya lo habían logrado el
20 de octubre en el estadio de Atlanta (30.000 piojosos), y lo
superaron el 24 de noviembre en la cancha de Huracán (35.000).
Los Piojos
arrancaron el 2002 a puro festival: fue en la segunda edición
del Cosquín Rock. Después, una gira los tuvo tocando
-y con mucho éxito- por varias ciudades de Estados Unidos
(Nueva York, Los Angeles, San Diego y Miami). Al regreso volvieron
a presentarse en Argentina. Recorrieron varios puntos del país
y recalaron en el Luna Park, con cuatro funciones con lleno total.
Allí estrenaron una canción (Sed viña), tuvieron
varios invitados de lujo (hermanos Mollo, León Gieco, Pappo)
y ofrecieron una puesta en escena espectacular.
Luego, otra
gira, que arrancó en Comodoro Rivadavia (4.000 personas),
Río Gallegos (2.000 fans) y Neuquén (6.000), donde
subió a tocar la guitarra en Globalización un chico
de 12 años, fanático de la banda que se había
comunicado por mail con los músicos. Luego tomaron la ruta
hacia Bahía Blanca, donde se acercaron 4.000 piojosos.
El quinto show fue en Santa Rosa, La Pampa, frente a 2.000 chicos
y chicas. Y el final fue a todo trapo en Rosario. El Estadio Cubierto
de Newell’s Old Boys se colmó con las 10.000 personas
que asistieron a una fiesta a la que los rosarinos ya se van acostumbrando,
por suerte.
Tras un par
de semanas de descanso, cruzaron el charco hacia Montevideo. Allí
tocaron el 14 de septiembre en el Teatro de Verano. Y el 21, festejando
una “Primavera Piojosa”, actuaron en el Recreo Luz
y Fuerza de Mendoza.
Huracanes
y lunas plateadas
Y por fin,
en noviembre de 2002, llegó el esperado segundo disco en
vivo de Los Piojos: Huracanes en luna plateada, álbum doble
que es una muestra de lo que fueron los shows en el Estadio de
Huracán, en el Luna Park, en el Polideportivo de Gimnasia
de La Plata, en Rosario, en Córdoba y en Mendoza. Además,
el álbum vino con un libro de fotos de 60 páginas
donde se puede recorrer visualmente la carrera de la banda, desde
sus comienzos hasta hoy.
A principios
de 2003, la banda fue el número principal del tercer Festival
Cosquín Rock y cerró la cuarta jornada del evento.
Este será un año que encontrará a Los Piojos
creando su nuevo disco de estudio. ¡Paciencia piojosos!
Ya habrá novedades...
A principios
de 2003, la banda fue el número principal del tercer Festival
Cosquín Rock y cerró la cuarta jornada del evento.
Unos meses más tarde, Piojos y piojosos se unieron en el
Luna Park a beneficio del Hospital de Niños de Santa Fe,
provincia que fue víctima de una devastadora inundación
que dejó a miles de personas sin techo y, particularmente
al Hospital, sin su infraestructura. En octubre llegó una
nueva gira por España: tocaron en Madrid, Barcelona, Mallorca,
Valencia y Granada ante más de 10.000 piojosos que, aunque
sea por un rato, se reencontraron con Argentina.
Máquina
de sangre monumental
El 14 de noviembre
de 2003 fue la fecha elegida para la salida de "Máquina
de sangre", el nuevo disco. Con un arte de tapa espectacular
(el color elegido fue el naranja) y gran variedad musical -además
de excelentes críticas en los medios especializados- el
álbum se convirtió rápidamente en uno de
los más solicitados en todas las disquerías del
país.
El 20 de diciembre
fue, tal vez, el día más glorioso en la historia
de Los Piojos: presentaron "Máquina de sagre"
ante ¡70.000! personas en el estadio de River Plate y se
erigieron como la banda argentina más convocante de la
actualidad. Allí presentaron un nuevo video: el de "Como
Alí", segundo corte de la placa (el primero había
sido "Fantasma").
En 2004 Los
Piojos volvieron a cerrar el Cosquín Rock en febrero, iniciaron
una nueva gira por España y tocaron otra vez en un estadio
de fútbol, el de Velez, en mayo. La máquina piojosa
no se detiene.
MARTÍN
CORREA
Los Piojos
Cardero Sebastián "Rogger": batería
Fernández Daniel Piti: guitarra
Kupinski Gustavo: guitarra
Martínez Andrés Ciro: voz, guitarra y armónica
Rodríguez Miguel Angel Miki: bajo
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